La pérdida de mi mascota Vany

La pérdida de una mascota, el duelo que se sufre cuando ésta fallece es una de las experiencias más dolorosas y estresantes que se puede llegar a vivir, sientes un gran vacío y tristeza. Nadie te habla de cómo vivir el duelo, es difícil ya que dicha pérdida no es importante para la sociedad, no se legitima el profundo vínculo entre persona y mascota y se considera a esta como reemplazable. Comentarios como: “no es para tanto, es solo un perro”, “pues cómprate otro”, “no puedes dejar tus responsabilidades por esto”, etc. Muchos de los que hayan tenido una mascota saben que puede ser similar a la pérdida de un familiar o un amigo cercano.

Según estudios de Begoña Elizalde, psicóloga coordinadora del grupo de trabajo en duelo y pérdidas del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC), “la muerte de nuestra mascota implica un duelo profundo y doloroso, debido a la gran compañía que nos ofrecen, al estrecho vínculo que se establece entre ellos y nosotros y al amor que llegamos a profesarles”. El vínculo entre dueño y mascota puede afectar a la salud física y mental, dado que la reacción de duelo tras la muerte puede ser comparable a la que se experimenta con un miembro de la familia. Nuestra sensación de pérdida merece ser respetada, no menospreciada.

Debido a esto, decidí escribir acerca de mi pérdida de Vany ocurrido hace dos años, no había podido hacerlo porque fue una locura y era muy doloroso, lloraba cada que platicaba o escribía al respecto, pero para sanar la herida y cerrar el ciclo es necesario hacerlo, por toda la gente que vivió lo mismo que yo o está pasando ese dolor similar.

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Mi pérdida

El 5 de enero de 2018, regresaba del trabajo, como todos los días me preparaba para salir a pasear a Vany y Sammy, ellas súper contentas sabían que era hora de salir a dar la vuelta.

Mientras caminábamos, pensé, Vany es mi guardiana, un angelote que siempre me cuidaba y me acompañaba, yo siempre había querido tener una perrita como ella, grande y amorosa, así que cuando llegó a la casa fui la más feliz del mundo y desde ese día fuimos inseparables.

Cuando la veía cómo corría o brincaba feliz, yo también era feliz, su felicidad era la mía. Dimos varias vueltas a la cuadra y justo en la esquina de la casa, vi cómo desde el otro lado del bulevar dos perros grandes, uno negro y otro blanco, empezaron a ladrar. Vany iba unos pasos más adelante de mi y de Sammy, seguimos caminando y los perros muy agresivos se atravesaron corriendo y ladrando muy feo, ocasionando que Vany reaccionara para protegerme a mi y se atravesó para detenerlos, ella nunca cruzaba la calle ni el bulevar, siempre estaba conmigo y cuando menos pensé ya estaba en la banqueta del otro lado.

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Me asusté y mi pecho me empezó a doler, sentí mucha angustia y no sabía qué hacer, me atravesé al camellón, sobre la banqueta y veo que Vany me voltea a ver, se atraviesa corriendo y justo en frente de mi, pasa una camioneta, aceleró y se llevó de encuentro a Vany.  Fue lo peor del mundo, presenciar el accidente en mis narices, sin poder hacer nada, todo fue muy rápido.

Vany tirada en la calle y gritando de dolor, volteando hacia a mi pidiendo ayuda, y yo gritando como loca, traía en una mano la correa de Sammy, así que me atravesé como pude corriendo, abracé a Vany, la cargué y varios carros que pasaron y me vieron se empezaron a parar. Cuando llegué al camellón, la puse en el suelo y traté de calmarla, jamás había llorado y gritado como una loca desquiciada.

De repente todo desapareció, me bloqué totalmente, me valió el mundo, sólo me importaba ella y que estuviera bien. Sus gritos de ayuda y de dolor me desgarraban el alma, estaba sangrando de la boca,  me llenó de sangre las manos y la ropa cuando me mordió los dedos por querer ayudar, Sammy siempre a mi lado y se le acercaba mucho a Vany, su compañera.

Mucha gente se acercó a ayudarme, vecinos y personas que se pararon porque vieron el accidente. Tal fue mi shock, que se me olvidaron los teléfonos de mi casa y de mi familia, se me apagó el celular, me sentía tan impotente, estaba totalmente bloqueada, no sabía qué hacer.

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Alex un vecino, me ayudó a ponerle a Vany una mascada para que no me mordiera y calmarla, otra señora le habló a la ambulancia, una vecina se acercó para preguntar mi teléfono de casa, tardé en reaccionar, se lo di y fue quien avisó a mi mamá lo que pasó, otro señor me preguntó mi dirección y fue corriendo a mi casa también a avisarle a mi hermano para que viniera a socorrerme.

Por un momento, cuando vi toda esa gente queriendo ayudar y haciendo todo lo posible, dije woww, no estoy sola, Dios me mandó a unos angelotes, no había podido agradecerles todo lo que hicieron por mi y mi Vany, de verdad hay gente muy buena cuando menos lo esperas, tanta gente que yo no supe de dónde salió, hasta después supe que eran vecinos que escucharon el incidente y fueron a apoyar.

Mi hermano llegó a auxiliarme, los dos nos bloqueamos, no sabíamos a dónde llevarla, te ciclas en un momento así, dimos con el mismo veterinario que había atendido a Yasha, mi perrita cocker que enfermó y murió, por eso más me partía el alma, porque 3 años antes ya había pasado por una pérdida.

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Llegamos al veterinario y ya estaban por cerrar, la revisaron y no quisieron hacerle radiografía, sólo le recetaron medicamento para el dolor e inflamación y nos indicaron llevarla al día siguiente, aún y que tenía fractura y por más que le decía que estaba sangrando la boca, hicieron caso omiso, al ver mis heridas de las manos por las mordidas dijeron que no era necesario que ella estaba bien. Error!!, ella NO estaba bien, ni siquiera la aceptaron para quedarse en observación, yo sabía que eso no estaba nada bien.

De camino a casa, ya no era la misma, lloraba, gritaba y estaba desesperada por salirse del carro, por más que la abrazaba y trataba de tranquilizarla no funcionaba. La cargué y la recosté en mi cama, Sammy le lloraba mucho, así que también la subí a mi cama. Aún y que estábamos todos con ella, mi mamá, hermano, Sammy y yo, en ese momento parecía no funcionar, se desesperaba más. Sammy y ella comunicándose entre ellas, era impactante, Vany muy adolorida y sin para de gritar, como si escucharas a un humano gritar, así de desgarrador, y nosotros sintiéndonos impotentes y mentándosela al veterinario que no hizo  nada más por ayudarla.

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Vany brincó de la cama y se iba por todos los rincones, y cuando vi que quería bajar las escaleras, la abracé y la llevé a la cochera, sabía que era el final, que no quería tenerme cerca cuando sucediera. Huía de mí, pero por última vez la abracé muy fuerte, me senté con ella en mis brazos,  en el escalón de la entrada de la casa. Se empezó a calmar y le dije: “Ya preciosa, todo va estar bien, tranquila, te quiero mucho gordita hermosa” mientras la acariciaba, en eso se empezó a convulsionar, y ya sabrán cómo me puse de histérica, segundos después, dejó de respirar, en mis brazos.

Experimentamos muchas pérdidas al mismo tiempo. Podemos perder a nuestro compañero principal, una fuente de amor incondicional, un ‘testigo de vida’ que nos ofrece seguridad y consuelo… La pérdida de un perro puede suponer un serio terremoto en la vida cotidiana. –Frank McAndrew-

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La llevamos con otro veterinario, y ahí nos confirmó que ya no había nada que hacer por ella, ni una inyección pudo traerla de vuelta. Fue el momento preciso para despedirme de ella, mi Vany hermosa, le di las gracias por tanto, le dije cuanto la quería y que siempre iba a estar en mi corazón. Esa noche, fue la más larga de mi vida, me quedé dormida de tanto llorar. Recibí sus cenizas al día siguiente y para darle un lugar y honrarla, compré una lavanda, la planté en una maceta y ahí coloqué sus cenizas; hice lo mismo con las cenizas de mi anterior perrita Yasha, pero con Romero.

Si estás pasando por un duelo similar, te diré esto: no hay un plazo para el dolor, no hay un reloj de cocina que se apague, ninguna alarma del iPhone que diga que es el momento de dejar de llorar y seguir con la vida. Tómate tu tiempo, llora lo que tengas que llorar, pero nunca te guardes tu dolor ni  mucho menos lo menosprecies, tu dolor merece ser respetado y tu mascota honrada.

Dos años después, la sigo sintiendo cerca, la sigo soñando y sigue siendo mi guardiana bella, mi Vany preciosa, siempre en mi corazón.

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Con mucho cariño,

Claudia C.

 

 

 

Fuentes:

https://psicologiaymente.com/psicologia/por-que-superar-muerte-perro-complicado

https://psicologiaymente.com/psicologia/duelo-mascotas-amigo-se-marcha

https://www.lavanguardia.com/vivo/20180509/443214192803/afrontar-duelo-perdida-mascota.html

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