La huella que dejó Yasha

Hace 3 años, un 3 de septiembre, falleció Yasha, mi perrita Cocker Spaniel. Justo hace unos días fue su aniversario luctuoso y me vinieron a la mente varios recuerdos que tuve con ella y la vez lo difícil que fue el proceso del duelo, porque nadie te enseña cómo vivir el proceso de pérdida de un ser querido y tan importante como lo es tu mascota, no sabes qué tanto tiempo es el indicado para llorarle, o si está bien hacerlo.

Yasha era muy muy juguetona, siempre estaba activa, ella no podía estar tranquila en mis pies, todo el tiempo estaba con la lengua hacia afuera. Le gusta ir a pasear, cuando llegaba visitar se ponía muy contenta, sobre todo con los niños.

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Para ti es sólo un perro, pero para mí es mucho más, es un miembro de mi familia.

Cuando recién llegó a la casa, me enamoró, toda bebecita, tierna, hermosa, la agarré en mis brazos y no la solté. Se enfermó recién llegó y no me despegaba de ella. Se dormía en mi cuarto, me desvelaba cuidándola, le daba sus medicamentos, hasta que se recuperó.

Desde que llegó llenó de amor y alegría la casa.

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7 años después

Un sábado, estando en la Ciudad de México porque iba a echarle porras a mi hermana en su Maratón CDMX 2014, mi mamá nos avisó que veía muy malita a Yasha, que no se podía sostener en sus 4 patas, estaba muy débil y tampoco quería comer. La habían llevado ya al doctor y sólo recomendó darle suero oral, que con eso iba a estar bien. Pero se equivocó, más bien su estado de salud empeoró.

Yo rezaba que todo mejorara, que se pusiera bien, que alcanzara a llegar a verla, con mucha tristeza en mi corazón.

El lunes a medio día, llegando a mi casa, la vi muy muy mal, ya no podía caminar ni levantar la cabeza. La tomé en mis brazos y no la soltaba. Me desgarraba el corazón verla así. “Yasha levántate chiquita, eres fuerte, vamos” Se acostaba en mis piernas y así se quedaba. Pero no podía quedarme con los brazos cruzados, así que pedí datos de otro veterinario y la llevamos mi mamá y yo de inmediato.

El nuevo veterinario la revisó y comentó que tenía una combinación de virus en su cuerpo, entre ellos el parvovirus que ataca muy fuerte al estómago, la tenía que dejar internada unos días para que mejorara. Ella ni se inmutaba de tan mal que se sentía, y yo con la lágrima a más no poder, sus ojitos tristes y cansados me partían el alma.

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La visitaba dos veces al día para llevarle caldito de pollo que me recomendó el doctor, para que fuera más fácil de digerir y agarrara fuerzas. Cada que me despedía para irme y dejarla ahí, se me salían las lágrimas.

El miércoles por la mañana ya la vi mucho mejor, lo más probable era que saliera ese día por la tarde.

Pasadas las 6:00 pm, mis hermanos y yo pasamos nuevamente a verla, y al llegar, preguntamos si podíamos pasar. El ayudante tenía una cara muy seria cuando le dije que visitaba a Yasha, “se murió” nos dijo, obvio no le creí, “¿está bromeando verdad?”, “no, es en serio, cuando entramos a ponerle comida ya no se movía”-comentó. Yo todavía muy ilusa seguía sin creer, nos metimos a verla, y ahí estaba, en su jaulita, acostada. La toqué y no respondía, estaba dura, no se movía.

Yasha ya estaba descansando, se me cayó el mundo encima, no podía creerlo.

Empecé a llorar sin parar y sin consuelo, para mi fue una tristeza inmensa, que sólo los que han pasado por esta situación, perder no sólo a tu mascota, sino a un miembro de la familia, lo podrían entender.

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Se hizo el trámite para la cremación y el certificado de defunción y regresamos el jueves por la mañana para llevarla casa, en una cajita de madera.

Pero la casa ya no era lo mismo sin ella, el patio estaba sólo, no se escuchaban sus ladridos, ya no estaba para recibirnos al llegar para jugar con nosotros, etc.

La familia estaba incompleta, realmente Yasha era un miembro muy importante para nosotros, dejaba un hueco en nuestros corazones. Nos había llenado de su amor incondicional y ahora su ausencia era muy dolorosa.

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Viviendo el duelo

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Yo no paraba de llorar, pero a la vez pensaba si era normal sentirme así de mal, si tenía el derecho de estar triste por mucho tiempo por este tipo de perdida, que obviamente los que no han tenido la oportunidad de tener la compañía de un ser canino, juzgan sin saber, no entienden tu sentir ante esta situación y minimizan tu dolor.

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Después de la pérdida, me fui de viaje y por un tiempo me ayudó a despejarme, pero al mismo tiempo no me permití sacar todo lo que traía. Sí lloraba pero lo fui haciendo a un lado.

Soñaba muy seguido con ella, que me visitaba, la abrazaba cada que la veía y le decía cuánto la quería y extrañaba. La sentía cerca de mí, como mi ángel guardián., cuidándome siempre.

Cuando un perro muere, pierdes un amigo, pero ganas un ángel guardián.

Un día, platicando con una amiga, me ofreció su ayuda a través de una consulta de mediumnidad, y la verdad es que me cayó de perlas porque yo me sentía con mucha culpa por haberla dejado solita en su último momento.

Cuando empezó la comunicación, me la describió tal cual. “Es de color negro, muy activa e inquieta, está a tu lado derecho lamiéndote el cachete, muy cariñosa, encima de ti” apenas dijo eso y me solté a llorar como loca.

El mensaje que me dio, fue que no tenía por qué sentirme culpable por lo sucedido, la misión que tenía asignada en nuestra familia se cumplió, que por eso no había más que hacer para salvarla. Ella había venido a enseñarnos lo que es el amor incondicional, elevar nuestra frecuencia emocional llenando de alegría nuestro hogar, estaba muy agradecida por todo el tiempo que estuvo en casa y que ahora ella deseaba que le diera un hogar y mucho amor a más seres caninos. Yasha estaba en el paraíso, súper feliz, lo describía como un jardín hermoso donde podía jugar y correr mucho. Me despedí de ella y le dije que la extrañaba y que siempre la llevaría en mi corazón.

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Bienvenida Samantha

Cuando regresé a mi casa, después de unos meses, mi familia ya había adoptado a una nueva perrita, Samantha.

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Una beagle, muy linda y hermosa, pero como no había cerrado mi proceso de duelo, seguía enojada y negada, no dejaba que Sammy se me acercara. Sentía que era como un reemplazo, como si estuviera traicionando a Yasha.

Ahora sí me enfrentaba a la situación de estar en casa con la ausencia permanente de mi adoración. Ya nada era igual.

Nunca es bueno reprimir el dolor, lo mejor es permitirnos llorar. Y eso fue lo que me había faltado. Dejarme sentir.

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Samantha me abre el corazón

Poco a poco mi corazón se fue descongelando con Sammy, tan loquilla y cariñosa, eso sí ella nunca se dejaba abrazar, y era lo que extrañaba de Yasha. Ya podía decir que empezaba a quererla y apreciar su compañía. Fue difícil abrirme nuevamente.

Tiempo después, adoptamos a Toby, un perro grande callejero que necesitaba un hogar que le diera amor y comida. Me encariñé mucho con él, veía en su mirada a Yasha. Como era muy grande y no podíamos tenerlo por Sammy, le buscamos un hogar donde lo pudieran cuidar. Acepto que lloré mucho cuando se fue. Creo que era parte de su misión, ayudarme a sanar, seguir curando mi herida.

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Después de Toby llegó Xuxa, mi hermana la había adoptado en Querétaro porque se la encontró muy maltratada y se la trajo a la casa.

Sammy había encontrado en ella una compañera, súper contenta de tenerla en casa, aunque a veces se ponía celosa hahaha. Le lloraba si no la veía.

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Xuxa me recordaba muchísimo a Yasha, se dejaba abrazar, sus miradas, sus gestos, su actitud, todo. Veía a Yasha en ella, muy juguetona y traviesa.

 

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En un libro leí que el alma de los perros se queda cerca de ti para seguir con su misión, que era por eso que a veces los seguías sintiendo o viendo en otros perros, porque están contigo.

Y dije “a bueno, no era mi imaginación hahaha no estoy loca”

Xuxa también se cambió de hogar porque necesitaba más espacio para correr, estaba creciendo mucho y decidimos buscar una familia para ella.

Me volví a poner triste por la partida de otro miembro importante, no me gustan las despedidas, aunque esta vez sabía que estaba bien, sólo que cambió de hogar. Pero me ayudó a sacar el resto de dolor que traía acumulado.

Sammy se quedó muy triste también, le hacía falta su compañera.

Una noche de susto

Una noche Sammy se escapó, se salió corriendo como loca, imparable. Mi mamá y yo salimos a buscarla desesperadas en una noche de Halloween, con miles de niños por doquier pidiendo dulces, pensamos que se la podrían llevar. No regresó esa noche.

Lo pusimos en todas las redes sociales, mucha gente lo compartió, anuncios en los Oxxos y postes, la verdad estábamos súper tristes y yo me sentía culpable de su escapada. Gracias a Dios un señor la había visto y se la había llevado a su casa. Cuando vio el cartel en el Oxxo, le habló a mi hermano y se pusieron de acuerdo para regresarla. En el momento que fuimos a recibirla, Sammy temblaba de emoción y felicidad. Y yo volví a respirar. La familia volvió a estar completa.

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Un miembro más a la familia

Hace aproximadamente dos meses, la familia creció, adoptamos a un nuevo miembro, para que Sammy no estuviera solita, una perrita mestiza hermosa, se llama Vanila.

Sam la recibió de maravilla, se llevan muy bien desde que se conocieron. Ahora son inseparables, como dos muéganos, uña y mugre.

Desde que la ví me enamoré de ella, amor a primera vista. En ese momento sentí como si hubiera llegado a ayudarme a abrirme al amor nuevamente, a sanar mi corazón. Tenía muy presente el mensaje de Yasha de aquella vez.

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Dios la puso en el camino para llenar de alegría la casa, para llenarnos de luz y y amor incondicional a todos.

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Cada vez que me voy al trabajo o salgo a cualquier otro lado, pienso mucho en ella, la extraño. Y cuando estoy en casa disfruto jugar con las dos, abrazarla muy fuerte y reírme de todas las travesuras que hace.

Al final ese es el mensaje, permitirnos sentir, vivir el proceso de duelo sin miedo, soltar, dejar ir y fluir con la vida. Aprender lo que es el amor incondicional con grandes maestros como son los peludos, seres mucho más evolucionados a nivel espiritual y energético y con un enorme corazón. Grandes compañeros fieles, leales y amorosos, que siempre estarán contigo pase lo que pase.

Esta es la huella que me dejó Yasha en el corazón. Su recuerdo siempre vivirá conmigo.

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